Muchos investigadores, dotados de un exacerbado neoempirismo desafiante han enterrado en las profundidades junto a Vulcano la sangre áurea del espíritu.
Despierta un mundo en donde el hombre ha matado a Dios, donde la ciencia entronizada cegó por completo a los veinticuatro sabios del Apocalipsis, momdernos Edipos sedientos de poder y conocimiento.
En este estado de cosas se levanta un heredero de los genes astrales de tupac Amaru, una nueva reencarnación del gran nicaragüense, hoy iluminado Sandino, padre Inmaterial de la gestación por azufre y el mercurio filosóficos para la futura realización de la Gran Obra Latinoamericana.
Embebidos en aguas prisioneras que anuncian la Neo Alquimia Latinoamericana, falsos profetas pseudobolivarianos distraen al Adepto y lo hacen caer en la confusión. El camino para la transmutación es arduo y difícil, el sendero hacia la piedra filosofal del Inca está repleto de peligros y amenazas.
Desde las viejas torres desmanteladas del País del Norte hasta la extraña base aeroespacial en la Amazonie Française es la bota fascista, nuevo S.P.Q.R., Senatus Populusque Romanus que ha renacido como el inmortal Fénix acompañado por las tenebrosas águilas para aplastar las cabezas pensantes que tanto molestan al Imperio.
Olvidada durante siglos, una hermana negra, virgen vejada y vendida, nos tiende su mano atravensando el Atlántico.
Trinidad africana, Nzame, Mebere y Nkwa abrazaron a la Pachamama y el leopardo ecuatoguineano se transforma en en noble ocelote al pisar la bendita tierra centroamericana.
Morada metafísica, génesis embriagador, a partir de un microcosmos purificado tres veces crucificado en las sales mayas y subliminado será posible cambiar el macrocosmos putrefacto. La muerte debe dar paso a la vida. El azufre masculino junto al mercurio femenino unidos en bodas químicas y sexuales engendrarán la piedra angular, spiritus mundi, que disuelta en el cristal panamericano triunfará en contra del antropófago Saturno.
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lunes, 4 de febrero de 2008
sábado, 19 de enero de 2008
Los ojos de Juan Santamaría. Por Cristian Claudio Casadey Jarai
Jacinto Gabriel García y Nuñez era un hombre aventurero, acostumbrado a las visicitudes de la vida. Periodista, militar, músico, filósofo y carpintero eram oficios que hacían de este personaje un individuo muy particular. Los alborotados años que siguieron a 1850 tiñieron de amargas experiencias a Jacinto. Rosista de alma y defensor de la Santa Federación confundía su sentimiento patriótico con tintes ocultistas. La influencia que ejercían sobre él sus amigos masones cambiarían por completo su propia historia. Argentina se desangraba en una lucha fraticida. El traidor de Urquiza vencía a las fuerzas del Restaurador en la infame batalla de Caseros de la que Jacinto salió milagrosamente ileso. Con lágrimas en el corazón Jacinto acompañó a don Juan Manuel a la casa de Mr. Robert Gore, encargado de negocios de Gran Bretaña. Esa misma fatídica noche el gran héroe argentino partía hacia el exilio junto a su noble hija en la fragata Centaur. A pesar de la caza de brujas desatada por la crueldad de Urquiza muchos lograron sobrevivir no sin grandes dificultades.
La vida en la campiña inglesano era del agrado del fiel servidor. Largas veladas en Londres avivaban su sed de viajes y aventuras. Entusiasmado, seguía de cerca los nuevos acontecimientos latinoamericanos. Extraños sucesos en Nicaragua atraparon su atención. La lucha entre los conservadores de Granada y los liberales de León sumió al país en una guerra civil. El caudillo liberal Francisco Castellón recurrió al auxilio extranjero de un audaz mercenario morteamericano llamado William Walker.
Jacinto participaba activamente en la logia masónica Gran Oriente Argentino que en ese momento funcionaba en la capital inglesa contando con una filial hermana en San Francisco de California. Recién el 22 de abril de 1857 abriría sus puertas en la Reina del Plata.
Con gran motivación Jacinto cruzó nuevamente el Atlántico para integrarse a la Falange Americana que desembarcó en el sufrido país centroamericano dominando ampliamente la caótica situación.
Walker, "dueño" de Nicaragua, concibió la maléfica idea de apoderarse de las cinco repúblicas centroamericanas para anexarlas al sur esclavista norteamericano. El proyecto era visto con buenos ojos por los masones quienes financiaban la ambiciosa campaña.
Los indómitos encantos de Guanacaste maravillaron a Jacinto. La ronca voz del coronel Schlessinger irritaba al aventurero.
El presidente de Costa Rica, Juan Rafael Mora, reforzó su ejército con valientes campesinos y artesanos voluntarios proclamando una guerra de exterminio contra Walker.
El 20 de marzo de 1856 la impetuosa carga a la bayoneta de los costarricenses obligaron a los extranjeros a retirarse de la hacienda de Santa Rosa. Los prisioneros fueron pasados por las armas en Liberia lo que inquietó al argentino. Las lánguidas ramas del "árbol de los orejones" ofrecían sus sombras para el refugio del sofocante calor. Las condiciones de la pelea eran muy sacrificadas. Un enemigo silencioso hacía estragos entre las tropas. El cólera cobraba numerosas vidas.
Mora invadió el sur nicaragüense ocupando los puertos de San Juan del sur y el de La Virgen sobre el gran lago como así también la hermosa ciudad de Rivas en donde estableció sus cuarteles.
Jacinto logró tomar por sorpresa a Rivas y se atrincheró junto con sus feroces guerreros en una casa conocida como el Mesón de Guerra. Sus espías le habían informado sobre los planes del enemigo de sacrificar a un soldado de Alajuela conocido como "el Erizo" para incendiar la construcción. El aventurero esperó pacientemente durante la noche logrando atrapar al enemigo que estaba provisto de elementos inflamables. Interrogado el prisionero dijo llamarse Juan Santamaría. Confesó a Jacinto su plan suicida y las intenciones de Walker de esclavizar a Centroamérica. El argentino, sorprendido por las revelaciones del abnegado cautivo vio en sus ojos negros el espejo de la verdad. Juntos prendieron fuego al lugar. Mientras se inmolaban los mártires una virgen chorotega lanzaba pétalos de orquídeas al mar.
La vida en la campiña inglesano era del agrado del fiel servidor. Largas veladas en Londres avivaban su sed de viajes y aventuras. Entusiasmado, seguía de cerca los nuevos acontecimientos latinoamericanos. Extraños sucesos en Nicaragua atraparon su atención. La lucha entre los conservadores de Granada y los liberales de León sumió al país en una guerra civil. El caudillo liberal Francisco Castellón recurrió al auxilio extranjero de un audaz mercenario morteamericano llamado William Walker.
Jacinto participaba activamente en la logia masónica Gran Oriente Argentino que en ese momento funcionaba en la capital inglesa contando con una filial hermana en San Francisco de California. Recién el 22 de abril de 1857 abriría sus puertas en la Reina del Plata.
Con gran motivación Jacinto cruzó nuevamente el Atlántico para integrarse a la Falange Americana que desembarcó en el sufrido país centroamericano dominando ampliamente la caótica situación.
Walker, "dueño" de Nicaragua, concibió la maléfica idea de apoderarse de las cinco repúblicas centroamericanas para anexarlas al sur esclavista norteamericano. El proyecto era visto con buenos ojos por los masones quienes financiaban la ambiciosa campaña.
Los indómitos encantos de Guanacaste maravillaron a Jacinto. La ronca voz del coronel Schlessinger irritaba al aventurero.
El presidente de Costa Rica, Juan Rafael Mora, reforzó su ejército con valientes campesinos y artesanos voluntarios proclamando una guerra de exterminio contra Walker.
El 20 de marzo de 1856 la impetuosa carga a la bayoneta de los costarricenses obligaron a los extranjeros a retirarse de la hacienda de Santa Rosa. Los prisioneros fueron pasados por las armas en Liberia lo que inquietó al argentino. Las lánguidas ramas del "árbol de los orejones" ofrecían sus sombras para el refugio del sofocante calor. Las condiciones de la pelea eran muy sacrificadas. Un enemigo silencioso hacía estragos entre las tropas. El cólera cobraba numerosas vidas.
Mora invadió el sur nicaragüense ocupando los puertos de San Juan del sur y el de La Virgen sobre el gran lago como así también la hermosa ciudad de Rivas en donde estableció sus cuarteles.
Jacinto logró tomar por sorpresa a Rivas y se atrincheró junto con sus feroces guerreros en una casa conocida como el Mesón de Guerra. Sus espías le habían informado sobre los planes del enemigo de sacrificar a un soldado de Alajuela conocido como "el Erizo" para incendiar la construcción. El aventurero esperó pacientemente durante la noche logrando atrapar al enemigo que estaba provisto de elementos inflamables. Interrogado el prisionero dijo llamarse Juan Santamaría. Confesó a Jacinto su plan suicida y las intenciones de Walker de esclavizar a Centroamérica. El argentino, sorprendido por las revelaciones del abnegado cautivo vio en sus ojos negros el espejo de la verdad. Juntos prendieron fuego al lugar. Mientras se inmolaban los mártires una virgen chorotega lanzaba pétalos de orquídeas al mar.
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