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miércoles, 5 de noviembre de 2008

Un poco sobre la desaparecida Ciencia Ficción Soviética (Primera Parte).


Por Cristian Claudio Casadey Jarai.

Curiosamente, a diferencia de otras partes en el globo terrestre, la ciencia ficción en la extinta Unión Soviética siguió su propio camino, alejada de los estereotipos anglosajones.

Comenzó a penetrar en las profundidades del alma humana mucho antes que la corriente americana.

La peculiaridad del género tras la Cortina de Hierro hizo que se alejase de la visión occidental. Se puede notar una lucha dialéctica entre literatura “oficialista” y “disidente”, a pesar de la brutal censura que imperaba en el régimen. No es extraño encontrar un “amor a la ciencia” a veces algo exagerado, era también el estado omnipotente, deseoso de inculcar la importancia de la misma que en cierta medida fomentó el desarrollo de la ciencia ficción, siempre con fines didácticos.

Un relato sumamente interesante es “El sol líquido” de Alexander Kuprin, quien en 1912 predice la utilización de la energía solar. Algo más imperialista y jocosa para algunos es “La estrella roja”, novela escrita en 1908 por Alexander Bogdanov donde se relata la realización del ideal comunista en el planeta Marte, similar en tema a lo desarrollado mucho después en el séptimo arte en Italia con la serie de televisión “Fascistas en Marte”, de carácter cómico, ácida crítica al totalitarismo de Mussolini.

A pesar de que a simple vista se piense lo contrario, tanto en el mundo socialista como en el capitalista, era común la adaptación al cine de la literatura, como por ejemplo la novela Aelita de 1922 que fue punto de partida para la película del mismo nombre conocida también como “El Soviet en Marte”. De magnífica trama, cuenta la historia de unos astronautas que llegan al planeta rojo donde conocen una espléndida civilización, que resulta ser ni más ni menos que la Atlántida terrestre, destinada siempre a la desaparición. Con gran contenido político, es una obra maestra que escudriña en las razones mismas del proletariado, con revolución socialista incluida en el lejano planeta más las grandes dosis de romance que nunca deben de faltar en una buena historia.

Imposible no nombrar a Alexander Beliaev, llamado por muchos “el Julio Verne soviético”. Gran crítico de la sociedad capitalista era también muy meticuloso a la hora de describir con exactitud hechos científicos.

domingo, 26 de octubre de 2008

El "Locus Amoenus" en la Ciencia Ficción. Por Cristian Claudio Casadey Jarai.


El “Locus Amoenus” en la ciencia ficción.

 

 

Probablemente, el tópico literario más desarrollado es el del paisaje bucólico, llamado Locus Amoenus (expresión latina que significa “lugar placentero”). Se refiere un lugar idealizado, próximo al Edén, al mítico Jardín de las Hespérides, al Génesis bíblico en cuanto a sus sugerencias. Se lo usa para crear el contexto adecuado para el avance de una acción, de un relato amoroso, una poesía. Por ejemplo: una suave brisa, brillantes como el oro, jardín de espesas flores, etc.

 

 Fueron utilizados por grandes autores como Homero, Teócrito, Virgilio entre otros de la antigüedad. No por haber usados en tiempos remotos han perdido actualidad, mas bien son eternos en la creación literaria.

 

Ahora bien, ¿Existen tópicos propios del estilo Locus Amoenus en ciencia ficción? 

 

Abierta la interrogante, es menester analizar un poco el estilo a tratar.

 

La ciencia ficción, en general la futurista, brinda al espectador dos especies de mundos venideros: Uno caótico, al más puro estilo Mad Max , en donde se han perdido los valores y se vive en la más completa anarquía (entendida como falta de orden y leyes, no al estilo de pensadores como Malatesta); o un universo puramente tecnológico y espacial como en “Star Trek” o “Star Wars”. Por supuesto, con innumerables variantes entre un punto y otro.

 

En el primer caso, el ambiente descrito poco tiene que ver con el paraíso edénico de los antiguos, en todo caso estaría más cercano a una especie de infierno en la tierra, no en el sentido clásico de demonios y fuego, sino como un lugar espantoso en donde es sumamente difícil vivir en paz. En cambio, en las visiones futuristas cósmicas, se presentan las situaciones en un círculo sumamente avanzado, en donde las máquinas pueden hacer prácticamente de todo, un “olimpo” de la ciencia, mundo perfecto si no fuera por las almas reprimidas de los protagonistas que luchan por un ideal, en la mayoría de los casos por la libertad.

 

Por lo tanto, nunca desaparece el Locus Amoenus en la creación literaria, simplemente cambia, muta o evoluciona según los gustos de cada época.

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Cristian Claudio Casadey Jarai