Se brinda de manera gratuita el libro "Neoalquimia: El Evangelio de la Nueva Gnosis" de Cristian Claudio Casadey Jarai.
Neoalquimia: El Evangelio de la Nueva Gnosis
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jueves, 25 de marzo de 2010
viernes, 26 de septiembre de 2008
Amargura. Poesía neoalquímica. Por Cristian Claudio Casadey Jarai.
Amargura. Poesía neoalquímica. Por Cristian Claudio Casadey Jarai.
Meum este propositum
In taberna mori*
Hojas al viento tiritan tus recuerdos,
una voz muda replica sin cesar
en el fondo de tus sentimientos
y en la calle de los suspiros
una rosa amarga contiene tu llanto.
Ya no se mueven los pétalos de la misericordia.
Ya no grita el cielo tu nombre.
Pesadumbre y desasosiego
reinan sepulcrales en el campo del olvido.
*Me he propuesto vivir en la taberna.
Meum este propositum
In taberna mori*
Hojas al viento tiritan tus recuerdos,
una voz muda replica sin cesar
en el fondo de tus sentimientos
y en la calle de los suspiros
una rosa amarga contiene tu llanto.
Ya no se mueven los pétalos de la misericordia.
Ya no grita el cielo tu nombre.
Pesadumbre y desasosiego
reinan sepulcrales en el campo del olvido.
*Me he propuesto vivir en la taberna.
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domingo, 10 de febrero de 2008
Neoalquimia: El Grimorio de la Nueva Gnosis. Cap. II. Por Cristian Claudio Casadey Jarai.
Neoalquimia: El Grimorio de la Nueva Gnosis.
Por Cristian Claudio Casadey Jarai.
Capítulo II: La operación neoalquímica.
Luego de la gracia de Dios es la paz en el corazón el más grande y preciado de todos los tesoros que puede encontrar el hombre. Vano es poner la esperanza en el mismo o en cualquier cosa terrenal
El espíritu del adepto, preparado con fe y esperanza, comienza su trabajo astral purificándose por medio del fuego simbólico y sagrado que arde en el interior de cada uno de los seres humanos.
Un combate esotérico se libra en el microcosmos del iniciado, el duelo entre la rémora y la salamandra, el bien y el mal, lo apolíneo y lo dionisiaco. Gran recompensa es dada al vencedor siempre y cuando pelee limpiamente, pues nemo accipit qui non legitima certaverit (nadie lo recibe sin combatir conforme a las reglas).
No se debe confiar ni en la ciencia ni en la astucia, sólo mediante la fe en la gracia divina se logran los resultados anhelados.
En este viaje hoperpoético y sobreterrenal, la figura del joven Mercurio con su caduceo, mensajero de los dioses, en su nube, es lastimada por el viejo Saturno quien corta sus piernas con la guadaña del tiempo, representación simbólica y sexual de la mezcla del mercurio astral y bisexual, semen y óvulo a la vez germinado en el conocimiento del sabio Cronos.
El proceso continúa con la sublimación del mencionado mercurio mortificado quien asiste a la lucha entre las siete serpientes negras y amarillas que habitan las sendas cavernas en la montaña sagrada, acaso el Olimpo ya decadente, custodiado por un maldito grifo que intenta comerse a los reptiles. Un árbol puro con hojas de oro y plata, masculino y a la vez femenino, de naturaleza hermafrodita, corona el lugar. Dos dragones custodian la noble planta.
La acción se traslada al valle, al esbelto jardín de las Hespérides, en donde se revivifica el mercurio sexual sublimado. Un grupo de ciegos busca el manantial que se encuentra al lado del rosal de oro y fuego que ha de estar tan cerca que permanece invisible. La verdad permanece hermética y reservada para unos pocos.
Cuenta el antiguo Plinio en su libro XXXVI, capítulo XXVI que en tiempos de Tiberio existió un maravilloso artesano que había descubierto un vidrio flexible, que se podía moldear tan sólo con las manos, prácticamente indestructible. El emperador, temeroso de que el nuevo invento le restase valor al oro y a la plata, luego de asegurarse de que nadie más conocía el secreto, mandó a cortarle la cabeza al sabio y a quemar su laboratorio. Queda en claro que no se debe entregar el corazón a cualquiera, sólo se puede confiar en el Altísimo. El hombre es esclavo de sus inclinaciones y deseos por lo que necesita trabajar arduamente para poder seguir en el sendero de la Gran Obra. Se encuentra escrito en el libro de Job: “Tentación es la vida del hombre sobre la tierra”, el fuego prueba al hierro y la tentación al hombre justo.
Siguiendo con la transmutación mercurial, el infame rey Herodes ordena la masacre de los inocentes. Los soldados llenan un recipiente con la sangre de los niños, la luz del sol la baña de día, la de la luna de noche. Hay siete criaturas muertas. Es un estadio difícil, una cruel preparación, dura para el neófito, quien tiene que reponerse pronto de la macabra imagen.
Continúa con la figura del caduceo formando por dos serpientes que se engullen una a la otra abrazando una barra de oro, una acuosa y la otra terrestre, solución y volatilización, unión sexual entre ambos principios generadores de vida.
Las serpientes mueren crucificadas, se coagula y fija la sustancia volátil. La muerte da paso a la vida.
Por último, cuatro manantiales sagrados brotan en medio del desierto, cuatro pequeñas serpientes se acercan a ellos, es la multiplicación, custodiada por dos dragones, dos naturalezas, macho y hembra reconciliados. Finalmente dos ángeles entregan por medio de un hombre, espíritu encarnado y adimensional la piedra blanca, la piedra filosofal.
Luego de la gracia de Dios es la paz en el corazón el más grande y preciado de todos los tesoros que puede encontrar el hombre. Vano es poner la esperanza en el mismo o en cualquier cosa terrenal
El espíritu del adepto, preparado con fe y esperanza, comienza su trabajo astral purificándose por medio del fuego simbólico y sagrado que arde en el interior de cada uno de los seres humanos.
Un combate esotérico se libra en el microcosmos del iniciado, el duelo entre la rémora y la salamandra, el bien y el mal, lo apolíneo y lo dionisiaco. Gran recompensa es dada al vencedor siempre y cuando pelee limpiamente, pues nemo accipit qui non legitima certaverit (nadie lo recibe sin combatir conforme a las reglas).
No se debe confiar ni en la ciencia ni en la astucia, sólo mediante la fe en la gracia divina se logran los resultados anhelados.
En este viaje hoperpoético y sobreterrenal, la figura del joven Mercurio con su caduceo, mensajero de los dioses, en su nube, es lastimada por el viejo Saturno quien corta sus piernas con la guadaña del tiempo, representación simbólica y sexual de la mezcla del mercurio astral y bisexual, semen y óvulo a la vez germinado en el conocimiento del sabio Cronos.
El proceso continúa con la sublimación del mencionado mercurio mortificado quien asiste a la lucha entre las siete serpientes negras y amarillas que habitan las sendas cavernas en la montaña sagrada, acaso el Olimpo ya decadente, custodiado por un maldito grifo que intenta comerse a los reptiles. Un árbol puro con hojas de oro y plata, masculino y a la vez femenino, de naturaleza hermafrodita, corona el lugar. Dos dragones custodian la noble planta.
La acción se traslada al valle, al esbelto jardín de las Hespérides, en donde se revivifica el mercurio sexual sublimado. Un grupo de ciegos busca el manantial que se encuentra al lado del rosal de oro y fuego que ha de estar tan cerca que permanece invisible. La verdad permanece hermética y reservada para unos pocos.
Cuenta el antiguo Plinio en su libro XXXVI, capítulo XXVI que en tiempos de Tiberio existió un maravilloso artesano que había descubierto un vidrio flexible, que se podía moldear tan sólo con las manos, prácticamente indestructible. El emperador, temeroso de que el nuevo invento le restase valor al oro y a la plata, luego de asegurarse de que nadie más conocía el secreto, mandó a cortarle la cabeza al sabio y a quemar su laboratorio. Queda en claro que no se debe entregar el corazón a cualquiera, sólo se puede confiar en el Altísimo. El hombre es esclavo de sus inclinaciones y deseos por lo que necesita trabajar arduamente para poder seguir en el sendero de la Gran Obra. Se encuentra escrito en el libro de Job: “Tentación es la vida del hombre sobre la tierra”, el fuego prueba al hierro y la tentación al hombre justo.
Siguiendo con la transmutación mercurial, el infame rey Herodes ordena la masacre de los inocentes. Los soldados llenan un recipiente con la sangre de los niños, la luz del sol la baña de día, la de la luna de noche. Hay siete criaturas muertas. Es un estadio difícil, una cruel preparación, dura para el neófito, quien tiene que reponerse pronto de la macabra imagen.
Continúa con la figura del caduceo formando por dos serpientes que se engullen una a la otra abrazando una barra de oro, una acuosa y la otra terrestre, solución y volatilización, unión sexual entre ambos principios generadores de vida.
Las serpientes mueren crucificadas, se coagula y fija la sustancia volátil. La muerte da paso a la vida.
Por último, cuatro manantiales sagrados brotan en medio del desierto, cuatro pequeñas serpientes se acercan a ellos, es la multiplicación, custodiada por dos dragones, dos naturalezas, macho y hembra reconciliados. Finalmente dos ángeles entregan por medio de un hombre, espíritu encarnado y adimensional la piedra blanca, la piedra filosofal.
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Panintroatlanteología. Por Cristian Claudio Casadey Jarai.
Panintroatlanteología. Por Cristian Claudio Casadey Jarai.
Bebiendo de las extrañas y turbulentas aguas del atavismo casadeístico se levanta la isla de la protociencia de la panintroatlanteología, búsqueda total y personal de la perdida Atlántida interior que se esconde en el hermético plano astral de cada ser humano.
Compos sui, (1) el neoarte recién nacido es vasto y anguloso, hijo de una quijotesca mente centrípeta que atrae a sí misma el glorioso recuerdo de un pasado hiperutópico y adimensional. Para regresar a aquella tierra prometida no hay más camino que el espiritual, pues labor improbus omnia vincit (2).
Argumentum baculicum (3), a la manera de la ectlipsis, pseudoecuménicamente esta neognóstica de consensus omnium (4) es ecuable a la peregrinación supraplasmática que sólo se siente en el alma.
De naturaleza neoalquímica y bimetálica, el difícil proceso de revelación del árbol de la ciencia olvidado en la esfera metafísica del hombre es purificado por las bodas sexuales y sublimizadas del azufre saturnino y del esperma filosófico mercurial, entes inmateriales en un macarismo cuasi armónico y disonante a la vez.
El microcosmos, resumen complejo del universo, es aislado dentro de la luz del corazón celestial que lo ilumina. Honor alit arter (5).
Monóstrofe sobreterrenal y circular, la panintroatlanteología ha sobrevivido escondida en el ADN hectoplasmático del hombre in saecula saeculorum (6).
Famoso principio griego, gnóthi seanto, (7) que figuraba en el templo de Delfos y luego latinizado, nosce te ipsum, (7) es conócete a ti mismo, llave de la sabiduría ancestral que permite el acceso al olvidado jardín de las Hespérides etéreo e individual.
Debout, les morts! (8)
Dixitque Deus: Fiat lux. Et facta este lux. (9) Génesis, I, 3.
Notas:
1.- Dueño de sí mismo.
2.- El trabajo obstinado vence toda dificultad. Virgilio.
3.- Argumento del bastón, es decir, convencer “a palos”.
4.- De consenso universal.
5.- El honor alimenta a las artes. Cicerón.
6.- Por los siglos de los siglos.
7.- Conócete a ti mismo.
8.- En pie, los muertos!
9.- Y dijo Dios: Hágase la luz. Y la luz se hizo.
Bebiendo de las extrañas y turbulentas aguas del atavismo casadeístico se levanta la isla de la protociencia de la panintroatlanteología, búsqueda total y personal de la perdida Atlántida interior que se esconde en el hermético plano astral de cada ser humano.
Compos sui, (1) el neoarte recién nacido es vasto y anguloso, hijo de una quijotesca mente centrípeta que atrae a sí misma el glorioso recuerdo de un pasado hiperutópico y adimensional. Para regresar a aquella tierra prometida no hay más camino que el espiritual, pues labor improbus omnia vincit (2).
Argumentum baculicum (3), a la manera de la ectlipsis, pseudoecuménicamente esta neognóstica de consensus omnium (4) es ecuable a la peregrinación supraplasmática que sólo se siente en el alma.
De naturaleza neoalquímica y bimetálica, el difícil proceso de revelación del árbol de la ciencia olvidado en la esfera metafísica del hombre es purificado por las bodas sexuales y sublimizadas del azufre saturnino y del esperma filosófico mercurial, entes inmateriales en un macarismo cuasi armónico y disonante a la vez.
El microcosmos, resumen complejo del universo, es aislado dentro de la luz del corazón celestial que lo ilumina. Honor alit arter (5).
Monóstrofe sobreterrenal y circular, la panintroatlanteología ha sobrevivido escondida en el ADN hectoplasmático del hombre in saecula saeculorum (6).
Famoso principio griego, gnóthi seanto, (7) que figuraba en el templo de Delfos y luego latinizado, nosce te ipsum, (7) es conócete a ti mismo, llave de la sabiduría ancestral que permite el acceso al olvidado jardín de las Hespérides etéreo e individual.
Debout, les morts! (8)
Dixitque Deus: Fiat lux. Et facta este lux. (9) Génesis, I, 3.
Notas:
1.- Dueño de sí mismo.
2.- El trabajo obstinado vence toda dificultad. Virgilio.
3.- Argumento del bastón, es decir, convencer “a palos”.
4.- De consenso universal.
5.- El honor alimenta a las artes. Cicerón.
6.- Por los siglos de los siglos.
7.- Conócete a ti mismo.
8.- En pie, los muertos!
9.- Y dijo Dios: Hágase la luz. Y la luz se hizo.
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viernes, 8 de febrero de 2008
Neoalquimia: El Grimorio de la Nueva Gnosis. Cap. I. Por Cristian Claudio Casadey Jarai.
Neoalquimia: El Grimorio de la Nueva Gnosis.
Por Cristian Claudio Casadey Jarai.
Capítulo I: Introducción.
Reservado a un diminuto grupo de adeptos privilegiados, la neoalquimia es el conjunto de secretos herméticos destinados a la elevación y perfección espiritual de la humanidad a través del conocimiento de la Gran Obra, denominación con la cual se designa el resultado de la noble operación alquímica así como también su proceso.
Cristo, Primer Alquimista, ya decía: “Quien me sigue no anda en tinieblas”. Su doctrina excede a cualquier otra inventada por el hombre, es gracias a la neoalquimia que el individuo preparado en alma y mente hallará en ella el místico maná escondido.
Grave error es confundir la ciencia alquímica como si fuera un medio lleno de vanidades en la búsqueda de riquezas perecederas, sus objetivos son los reinos celestiales.
Sin la caridad y gracia del Creador no sirve de nada toda la sabiduría de la tierra.
En S. Mateo, 10, 26 está escrito: “No les temáis, pues no hay nada oculto que no llegue a descubrirse ni nada secreto que no se dé a conocer”. Es a partir del propio esfuerzo personal que el iniciado comienza su arduo camino, respetando la voluntad divina, dispensadora de la luz y de la revelación. El aprendiz debe obediencia a la regla filosófica que obliga al que se adentra en las aguas neoalquímicas la necesidad de un mutismo inviolable.
La Ciudadela Alquímica, símbolo de la ciencia hermética, es un reino espiritual que representa la difícil ruta hacia la divinidad. Está formada por veintiún compartimientos rodeados de una amplia circunferencia. Cada una de las etapas tiene su propia entrada mas una sola posee salida. Son veinte en las cuales el peregrino puede quedar aislado. Como éstas se comunican entre sí, el caminante puede errar durante muchísimos años. Una vez descubierta la certeza, espera el aficionado un puente levadizo custodiado por un feroz guardián quien le exigirá grandes requisitos morales y sapienciales puesto que homo homini lupus (el hombre es el lobo del hombre). La neoalquimia sólo está reservada a la persona que demuestre ser merecedora de ella.
Una vez que el abnegado estudiante ha logrado atravesar por las puertas mágicas de la Ciudadela, le es entregado el jeroglífico del mercurio filosófico. Estas sustancia supraterrenal debe ser trabajada con empeño metafísicamente, recorriendo las siete esquinas del lugar sagrado, realizando las pertinentes operaciones alquímicas: disolución, purificación, introducción en el atanor, putrefacción, multiplicación, fermentación y proyección.
El magno resultado es la Piedra Filosofal, custodiada por un dragón verde quien solo la entrega a los elegidos. Esta piedra inmaterial se divide en Medicina Universal y Polvo Transmutatorio, lo que la convierte en un triple tesoro para el filósofo; conocimiento, salud y riquezas, recreación terrestre del Paraíso Perdido.
La doctrina oculta reside en el poder del Verbo Eterno, principio de todas las cosas. Innegable y verdadera es la estrecha relación entre la Creación del Cosmos y la obtención de la Gran Obra. Cualquiera que haya comprendido los misterios de la Creación en el Génesis bíblico conoce el secreto de la Piedra Filosofal. Es el neoalquimista que recrea en su laboratorio espiritual el microcosmos a semejanza de Dios, el atanor transmutativo del huevo órfico, base de todas las iniciaciones, el Espíritu Santo, el Aliento Divino sobre las Aguas del Caos.
A partir de una mirada introspectiva en el reino privado del adepto mismo sublimando su universo interior, ha de encontrar un espejo especial, el Espejo de la Sabiduría, antiguo regalo neptunial, sacrosanto mientras que a la vez flatus irritus odit (un vano soplo lo empaña).
Dicho espejo refleja el mundo exterior de una manera desnuda, cuasi pornográfica, llevando al aprendiz hasta la imagen del doble árbol alquímico, cátaro en su binaturaleza; del bien y del mal. La concepción cátaro albigense de la gestación terrestre es complementaria y a la vez reñida con la historia del Génesis, en donde totus mundus in maligno positus est (todo el mundo está establecido en el diablo).
En el evangelio cátaro del pseudo Juan se atribuye a Satanás la creación de la tierra y hasta del propio cuerpo carnal del hombre, como está escrito en el capítulo tercero, cuarto versículo de dicho libro: “…ángeles caídos del firmamento pasan a los cuerpos de las mujeres, y reciben el cuerpo material, concupiscencia de la carne. Porque el espíritu nace del espíritu y la carne de la carne, y así es como se consuma el reinado de Satanás en este mundo y en todas las naciones”. En el mismo texto, capítulo tercero, versículo décimo quinto dice: “Y descendiendo, entré en ella por el oído y por el oído salí”, mostrando le vital poder e importancia de la Palabra, soberana de la sabiduría.
Por Cristian Claudio Casadey Jarai.
Capítulo I: Introducción.
Reservado a un diminuto grupo de adeptos privilegiados, la neoalquimia es el conjunto de secretos herméticos destinados a la elevación y perfección espiritual de la humanidad a través del conocimiento de la Gran Obra, denominación con la cual se designa el resultado de la noble operación alquímica así como también su proceso.
Cristo, Primer Alquimista, ya decía: “Quien me sigue no anda en tinieblas”. Su doctrina excede a cualquier otra inventada por el hombre, es gracias a la neoalquimia que el individuo preparado en alma y mente hallará en ella el místico maná escondido.
Grave error es confundir la ciencia alquímica como si fuera un medio lleno de vanidades en la búsqueda de riquezas perecederas, sus objetivos son los reinos celestiales.
Sin la caridad y gracia del Creador no sirve de nada toda la sabiduría de la tierra.
En S. Mateo, 10, 26 está escrito: “No les temáis, pues no hay nada oculto que no llegue a descubrirse ni nada secreto que no se dé a conocer”. Es a partir del propio esfuerzo personal que el iniciado comienza su arduo camino, respetando la voluntad divina, dispensadora de la luz y de la revelación. El aprendiz debe obediencia a la regla filosófica que obliga al que se adentra en las aguas neoalquímicas la necesidad de un mutismo inviolable.
La Ciudadela Alquímica, símbolo de la ciencia hermética, es un reino espiritual que representa la difícil ruta hacia la divinidad. Está formada por veintiún compartimientos rodeados de una amplia circunferencia. Cada una de las etapas tiene su propia entrada mas una sola posee salida. Son veinte en las cuales el peregrino puede quedar aislado. Como éstas se comunican entre sí, el caminante puede errar durante muchísimos años. Una vez descubierta la certeza, espera el aficionado un puente levadizo custodiado por un feroz guardián quien le exigirá grandes requisitos morales y sapienciales puesto que homo homini lupus (el hombre es el lobo del hombre). La neoalquimia sólo está reservada a la persona que demuestre ser merecedora de ella.
Una vez que el abnegado estudiante ha logrado atravesar por las puertas mágicas de la Ciudadela, le es entregado el jeroglífico del mercurio filosófico. Estas sustancia supraterrenal debe ser trabajada con empeño metafísicamente, recorriendo las siete esquinas del lugar sagrado, realizando las pertinentes operaciones alquímicas: disolución, purificación, introducción en el atanor, putrefacción, multiplicación, fermentación y proyección.
El magno resultado es la Piedra Filosofal, custodiada por un dragón verde quien solo la entrega a los elegidos. Esta piedra inmaterial se divide en Medicina Universal y Polvo Transmutatorio, lo que la convierte en un triple tesoro para el filósofo; conocimiento, salud y riquezas, recreación terrestre del Paraíso Perdido.
La doctrina oculta reside en el poder del Verbo Eterno, principio de todas las cosas. Innegable y verdadera es la estrecha relación entre la Creación del Cosmos y la obtención de la Gran Obra. Cualquiera que haya comprendido los misterios de la Creación en el Génesis bíblico conoce el secreto de la Piedra Filosofal. Es el neoalquimista que recrea en su laboratorio espiritual el microcosmos a semejanza de Dios, el atanor transmutativo del huevo órfico, base de todas las iniciaciones, el Espíritu Santo, el Aliento Divino sobre las Aguas del Caos.
A partir de una mirada introspectiva en el reino privado del adepto mismo sublimando su universo interior, ha de encontrar un espejo especial, el Espejo de la Sabiduría, antiguo regalo neptunial, sacrosanto mientras que a la vez flatus irritus odit (un vano soplo lo empaña).
Dicho espejo refleja el mundo exterior de una manera desnuda, cuasi pornográfica, llevando al aprendiz hasta la imagen del doble árbol alquímico, cátaro en su binaturaleza; del bien y del mal. La concepción cátaro albigense de la gestación terrestre es complementaria y a la vez reñida con la historia del Génesis, en donde totus mundus in maligno positus est (todo el mundo está establecido en el diablo).
En el evangelio cátaro del pseudo Juan se atribuye a Satanás la creación de la tierra y hasta del propio cuerpo carnal del hombre, como está escrito en el capítulo tercero, cuarto versículo de dicho libro: “…ángeles caídos del firmamento pasan a los cuerpos de las mujeres, y reciben el cuerpo material, concupiscencia de la carne. Porque el espíritu nace del espíritu y la carne de la carne, y así es como se consuma el reinado de Satanás en este mundo y en todas las naciones”. En el mismo texto, capítulo tercero, versículo décimo quinto dice: “Y descendiendo, entré en ella por el oído y por el oído salí”, mostrando le vital poder e importancia de la Palabra, soberana de la sabiduría.
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