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viernes, 26 de septiembre de 2008
Impresiones sobre la lluvia. Por Cristian Claudio Casadey Jarai
De repente, la tarde somnolienta se ve amenazada por el agua. La paz ha terminado. La violencia del líquido pronto se agota para dar paso a una sinfonía continua de suaves murmullos. El aroma a humedad ahora todo lo impregna, desde las frescas tierras hasta las fosas nasales. Poco a poco el llanto del cielo va mermando. A lo lejos se escuchan algunos truenos, tristes quejidos de la bóveda celeste. Extraño es el destino de los hombres, con los pies en la tierra y la mirada hacia el firmamento. La Divinidad, en un acto de extrema misericordia, aparta sus nubes para dejar brillar al astro rey en todo su esplendor. Que la dicha de los seres vivos sea eterna.
lunes, 4 de febrero de 2008
Desalojo. Por Cristian Claudio Casadey Jarai.
Se enfrentan cara a cara. Se miraron fijamente. Él estaba harto, cansado. Un aire de superioridad lo inflaba hasta la médula. Tragó saliva. Respiró hondo. Gritó: -"Fuera de mi vista!"
Adán echó a Dios de la tierra.
Adán echó a Dios de la tierra.
viernes, 4 de enero de 2008
La estación de Hudson
La estación de Hudson, por Cristian Claudio Casadey Jarai
El olor de las gomas quemadas apesumbraban la densa atmósfera de la vieja estación de Hudson. El destartalado ferrocarril al igual que hace décadas surcaba las frías vías hacia la ciudad madre. Al costado de los rieles todavía se asomaban los restos de lo que todavía se mantenía en pie de la antigua maltería. La avenida Otto Bemberg ya no era lo que había sido antaño. El pueblo dormía aquella tarde el ocaso de las pampas olvidadas en el tiempo, tierras de luchas y penas. Un perro paseaba por el andén en busca de alimento. La señora del puesto de diarios, alma caritativa, cuidaba de los animalitos abandonados por sus insensibles dueños. El sabor a mate amargo se confundía con el alcohol en el paladar del joven maquinista. La vieja locomotora de arcaicas épocas peronistas no deseaba avanzar más. Un pasajero, mientras esperaba eternamente escuchaba en su radio portátil las noticias: -"Hemos ingresado al primer mundo" se oía decir al presidente Menem. La virgen en su altar cuidaba la estación. Sólo atinó a derramar lágrimas de vergüenza...
El olor de las gomas quemadas apesumbraban la densa atmósfera de la vieja estación de Hudson. El destartalado ferrocarril al igual que hace décadas surcaba las frías vías hacia la ciudad madre. Al costado de los rieles todavía se asomaban los restos de lo que todavía se mantenía en pie de la antigua maltería. La avenida Otto Bemberg ya no era lo que había sido antaño. El pueblo dormía aquella tarde el ocaso de las pampas olvidadas en el tiempo, tierras de luchas y penas. Un perro paseaba por el andén en busca de alimento. La señora del puesto de diarios, alma caritativa, cuidaba de los animalitos abandonados por sus insensibles dueños. El sabor a mate amargo se confundía con el alcohol en el paladar del joven maquinista. La vieja locomotora de arcaicas épocas peronistas no deseaba avanzar más. Un pasajero, mientras esperaba eternamente escuchaba en su radio portátil las noticias: -"Hemos ingresado al primer mundo" se oía decir al presidente Menem. La virgen en su altar cuidaba la estación. Sólo atinó a derramar lágrimas de vergüenza...
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