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sábado, 2 de febrero de 2008

¿Quién es Cristian Casadey? Neo Alquimia. Por Cristian Claudio Casadey Jarai.

¿Quién es Cristian Casadey? He aquí el dilema.

Extraño personaje, se presenta como el portador de un nunca bien ponderado mercurio filosófico, metálico y espiritual en una sola naturaleza.

Si non percusso terrebo, (1) canta su impertinente pluma, done totum impleat orbem (2) .

Suprapornógrafo metafísico que intenta desnudar a la cruda verdad es a la vez oscuro sacerdote hermético que celosamente guarda los más profundos secretos. Por su inconstancia y volatilidad se identifica con la primera carta del Tarot, el Loco o el Alquimista.

Atrapado en el doble caduceo, escapa de su microcosmos cotidiano a través de la pantalla del Nuevo Árbol de la Ciencia y saca provecho de las maravillosas manzanas del jardín de las Hespérides. Extiende su paciencia como el viejo Fénix en su inmortalidad y guarda su antigua llave de afinar, espejo del arte, para matar al grifón que lo atormenta.

Hermes, desvelado, invita a Casadey a escribir...

Sor non omnibus aeque. (3)

Notas:
1. Si no alcanza a nadie, al menos aterrorizaré.
2. Hasta que llene toda la tierra.
3. La suerte no es la misma para todos.

lunes, 14 de enero de 2008

Leyendas de Hudson: La leyenda del loco de la plaza. Por Cristian Claudio Casadey Jarai.

Era una plaza muy extraña. La mitad estaba ocupada por casas familiares, la otra mitad eran viviendas de clase baja. Grafittis alusivos al sexo y a las drogas cubrían las viejas parede. Juegos destrozados por el vandalismo añadían al paisaje un velo triste. Ya el lugar no era un espacio verde para niños. Grupos marginales de adolescentes se habían apoderado de la zona. Eztrañas actividades narcóticas se sucedían tanto de día como de noche. Un vecino, cansado de los robos y los abusos decidió dar fin a la situación. Ex policía, fue separado de la fuerza debido a su oscuro pasado en los setenta. Se rumoreaba que había participado en los siniestros hechos ocurridos en el centro clandestino de detención conocido como Garage Olimpo. Sus contactos políticos y su fortuna le permitían burlarse en la cara a la justicia. Conservaba un fuerte arsenal en su hogar. Lustró su falcon verde y cargó la luger que le había regalado un viejo oficial SS que vivía en la maldita Bariloche, refugio de criminales de guerra. Se acomodó el bigote. La grasa le colgaba encima del pantalón. Ya no tenía contacto visual con sus partes íntimas al orinar. Estaba demasiado gordo, producto de la buena vida que se daba a diario. Los sobornos del pasado le permitían vivir en medio del miserable barrio con ciertos lujos. Admirador de Charles Bronson salió a jugar de Vengador Anónimo.
Estacionó el tenebroso auto en medio de la plaza. Los jóvenes miraron sorprendidos como salía del vehículo el obeso fascista. Sacó el arma y gatilló. Nada. Desesperado, la diarrea fluía en sus pantalones. La pandilla se acercaba. Subió al coche. Nada. No arrancaba. EL olor a excremento ya era insoportable. La gente rodeó el transporte. Entre risas un jovenzuelo drogadicto exclamó: -"Qué olor a mierda. Se cagó el abuelo. Vamos a fumar un faisán. Flaco, traé el tetra." Risas.
Llorando, bañado en materia fecal bajó de su Rosinante genocida y nunca más se lo volvió a ver en el barrio.

viernes, 4 de enero de 2008

La estación de Hudson

La estación de Hudson, por Cristian Claudio Casadey Jarai

El olor de las gomas quemadas apesumbraban la densa atmósfera de la vieja estación de Hudson. El destartalado ferrocarril al igual que hace décadas surcaba las frías vías hacia la ciudad madre. Al costado de los rieles todavía se asomaban los restos de lo que todavía se mantenía en pie de la antigua maltería. La avenida Otto Bemberg ya no era lo que había sido antaño. El pueblo dormía aquella tarde el ocaso de las pampas olvidadas en el tiempo, tierras de luchas y penas. Un perro paseaba por el andén en busca de alimento. La señora del puesto de diarios, alma caritativa, cuidaba de los animalitos abandonados por sus insensibles dueños. El sabor a mate amargo se confundía con el alcohol en el paladar del joven maquinista. La vieja locomotora de arcaicas épocas peronistas no deseaba avanzar más. Un pasajero, mientras esperaba eternamente escuchaba en su radio portátil las noticias: -"Hemos ingresado al primer mundo" se oía decir al presidente Menem. La virgen en su altar cuidaba la estación. Sólo atinó a derramar lágrimas de vergüenza...