La noble dama de porcelana
sentada sobre el loto
medita en la noche.
Cuatro valientes guerreros
custodian sus pensamientos.
Un círculo encierra
la sabiduría del alma.
El amanecer termina con sus reflexiones.
viernes, 4 de enero de 2008
Recorrer las pampas, por Cristian Claudio Casadey Jarai
Duro era el recorrido. Eran muchos kilómetros para recorrer en la vetusta bicicleta. El mal estado del abrasador pavimento dificultaba la marcha. Pero ni el inclemente sol ni la empecinada lluvia iban a doblegar la voluntad del ciclista. Hubiera querido subir su fiel compañera de dos ruedas al furgón del oxidado ferrocarril pero aquel ramal ya no estaba en actividad. Era la consigna de la nueva década infama. "Menem lo hizo" se repetía mentalmente una y otra vez. La broma ya no causaba ninguna gracia. El malestar general se había apoderado del alma de los argentinos. No podía permanecer ajeno a la situación del país. Estaba y era parte de esa crisis, de la falta de dinero para poder viajar dignamente, de las privaciones cotidianas, de las injusticias y la discriminación a la orden del día. Su espíritu a pesar de todo no podía permitirse el lujo de flaquear, de darse por vencido. Todavía tenía las fuerzas necesarias y el ímpetu para dar batalla. En el fondo era un guerrero medieval, extrañamente transportado a tierras y tiempos extraños, una nueva Alicia que cruzó el espejo, un Quijote incomprendido y esta vez solitario, sin Sancho que lo secunde. La inmensidad de las pampas a veces le provocaba una sensación sublime de libertad mas otras era insoportable el sentimiento de desolación y soledad. La bóveda celeste en su magnitud reinaba sobre las tierras. El camino , casi siempre recto, se volvía monótono y aburrido con sus grandes campos despoblados que lo rodeaban. De un momento a otro el cielo se cubrió de grises algodones y el vital líquido no tardó en llegar. No viendo en el horizonte refugio alguno, el aventurero sacó una capa de plástico de su pobre equipaje para protegerse y se acomodó su raída gorra. Las gotas de lluvia empañaban sus viejos anteojos lo que le dificultaba aun más su penoso avance. El chubasco fue breve, solo ocasionando molestias al valiente viajero. El agua había empeorado el funcionamiento de la cadena. Siguió pedaleando con fervor hasta que la misma se rompió de repente. Cayó violentamente sobre el asfalto mojado lastimándose las rodillas y manos. Lloraba de impotencia, no había ni un alma a su alrededor que le pudiera prestar un poco de ayuda. Recordaba su infeliz niñez, cuando era lastimado por sus perversos compañeros y no había quien lo proteja. Dejó su primitivo transporte a un lado del camino y siguió su ruta lentamente a pie.
Caía la noche y para ese entonces se dio cuenta de que se encontraba perdido. Sus fuerzas llegaban a su fin. Necesitaba descansar un poco. Creyendo encontrar algún caserío se adentró entre los matorrales en donde divisó a lo lejos un enorme pastizal lleno de vacas. Intuyó que no debía estar muy lejos del casco de la estancia. Con un poco de suerte se toparía con algún gaucho amable que lo convidaría con tortillas y mate amargo y le tendería un rincón en donde pasar la fría noche. La luz comenzó a escasear, la luna se había escondido entre las tinieblas y el nerviosismo y la ansiedad se apoderaban del caminante poco a poco. En la distancia pudo ver un débil brillo. Agotado se movió hasta él. Una inmunda luz amarillenta flotaba en medio de la nada. El frío y el terror ingresaron hasta lo más profundo de los huesos del desafortunado. Su alma no aguantó el maldito espectáculo y desocupó su morada carnal.
Al día siguiente entre los huesos de una vaca muerta los gauchos encontraron el cadáver del desconocido, con el cráneo roto descansando sobre una roca que se asemejaba a una bicicleta.
Caía la noche y para ese entonces se dio cuenta de que se encontraba perdido. Sus fuerzas llegaban a su fin. Necesitaba descansar un poco. Creyendo encontrar algún caserío se adentró entre los matorrales en donde divisó a lo lejos un enorme pastizal lleno de vacas. Intuyó que no debía estar muy lejos del casco de la estancia. Con un poco de suerte se toparía con algún gaucho amable que lo convidaría con tortillas y mate amargo y le tendería un rincón en donde pasar la fría noche. La luz comenzó a escasear, la luna se había escondido entre las tinieblas y el nerviosismo y la ansiedad se apoderaban del caminante poco a poco. En la distancia pudo ver un débil brillo. Agotado se movió hasta él. Una inmunda luz amarillenta flotaba en medio de la nada. El frío y el terror ingresaron hasta lo más profundo de los huesos del desafortunado. Su alma no aguantó el maldito espectáculo y desocupó su morada carnal.
Al día siguiente entre los huesos de una vaca muerta los gauchos encontraron el cadáver del desconocido, con el cráneo roto descansando sobre una roca que se asemejaba a una bicicleta.
La estación de Hudson
La estación de Hudson, por Cristian Claudio Casadey Jarai
El olor de las gomas quemadas apesumbraban la densa atmósfera de la vieja estación de Hudson. El destartalado ferrocarril al igual que hace décadas surcaba las frías vías hacia la ciudad madre. Al costado de los rieles todavía se asomaban los restos de lo que todavía se mantenía en pie de la antigua maltería. La avenida Otto Bemberg ya no era lo que había sido antaño. El pueblo dormía aquella tarde el ocaso de las pampas olvidadas en el tiempo, tierras de luchas y penas. Un perro paseaba por el andén en busca de alimento. La señora del puesto de diarios, alma caritativa, cuidaba de los animalitos abandonados por sus insensibles dueños. El sabor a mate amargo se confundía con el alcohol en el paladar del joven maquinista. La vieja locomotora de arcaicas épocas peronistas no deseaba avanzar más. Un pasajero, mientras esperaba eternamente escuchaba en su radio portátil las noticias: -"Hemos ingresado al primer mundo" se oía decir al presidente Menem. La virgen en su altar cuidaba la estación. Sólo atinó a derramar lágrimas de vergüenza...
El olor de las gomas quemadas apesumbraban la densa atmósfera de la vieja estación de Hudson. El destartalado ferrocarril al igual que hace décadas surcaba las frías vías hacia la ciudad madre. Al costado de los rieles todavía se asomaban los restos de lo que todavía se mantenía en pie de la antigua maltería. La avenida Otto Bemberg ya no era lo que había sido antaño. El pueblo dormía aquella tarde el ocaso de las pampas olvidadas en el tiempo, tierras de luchas y penas. Un perro paseaba por el andén en busca de alimento. La señora del puesto de diarios, alma caritativa, cuidaba de los animalitos abandonados por sus insensibles dueños. El sabor a mate amargo se confundía con el alcohol en el paladar del joven maquinista. La vieja locomotora de arcaicas épocas peronistas no deseaba avanzar más. Un pasajero, mientras esperaba eternamente escuchaba en su radio portátil las noticias: -"Hemos ingresado al primer mundo" se oía decir al presidente Menem. La virgen en su altar cuidaba la estación. Sólo atinó a derramar lágrimas de vergüenza...
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miércoles, 2 de enero de 2008
Impresiones, poesía. Por Cristian Claudio Casadey Jarai.
Impresiones, poseía dedicada a la mujer de mi vida, a Giovanna. Por Cristian Claudio Casadey Jarai.
Se acercó a mi lado.
Sonriendo se sentó en mi regazo.
Sus ojos verdes, espejos del alma
transmitían el calor de la vida.
¿Qué será de Alicia cuando traspase el espejo?
¿Qué será de Ariadna cuando salga del laberinto?
Ella lo sabe.
Ella lo intuye.
Su búsqueda recién comienza...
Se acercó a mi lado.
Sonriendo se sentó en mi regazo.
Sus ojos verdes, espejos del alma
transmitían el calor de la vida.
¿Qué será de Alicia cuando traspase el espejo?
¿Qué será de Ariadna cuando salga del laberinto?
Ella lo sabe.
Ella lo intuye.
Su búsqueda recién comienza...
La estación de Hudson, por Cristian Claudio Casadey Jarai
El olor de las gomas quemadas apesumbraban la densa atmósfera de la vieja estación de Hudson. El destartalado ferrocarril al igual que hace décadas surcaba las frías vías hacia la ciudad madre. Al costado de los rieles todavía se asomaban los restos de lo que todavía se mantenía en pie de la antigua maltería. La avenida Otto Bemberg ya no era lo que había sido antaño. El pueblo dormía aquella tarde el ocaso de las pampas olvidadas en el tiempo, tierras de luchas y penas. Un perro paseaba por el andén en busca de alimento. La señora del puesto de diarios, alma caritativa, cuidaba de los animalitos abandonados por sus insensibles dueños. El sabor a mate amargo se confundía con el alcohol en el paladar del joven maquinista. La vieja locomotora de arcaicas épocas peronistas no deseaba avanzar más. Un pasajero, mientras esperaba eternamente escuchaba en su radio portátil las noticias: -"Hemos ingresado al primer mundo" se oía decir al presidente Menem. La virgen en su altar cuidaba la estación. Sólo atinó a derramar lágrimas de vergüenza...
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La copa, poesía, por Cristian Claudio Casadey Jarai
Quise ver a través de la copa
mas no vi nada.
Quise beber de la copa
mas estaba vacía.
Quise llenar la copa
mas no había nada.
Quise brindar
pero lo único que encontré en el fondo
fue el verde de tus ojos
y el calor de tu amor.
Hoy la copa sigue vacía
pero lleno mi corazón
pensando en el momento
en que nuestras almas
volverán a ser una sola.
mas no vi nada.
Quise beber de la copa
mas estaba vacía.
Quise llenar la copa
mas no había nada.
Quise brindar
pero lo único que encontré en el fondo
fue el verde de tus ojos
y el calor de tu amor.
Hoy la copa sigue vacía
pero lleno mi corazón
pensando en el momento
en que nuestras almas
volverán a ser una sola.
Cuando llora el granito, por Cristian Claudio Casadey Jarai
La humedad era insoportable a esa hora del día. Un espeso manto de vegetación cubría todo el panorama. En esa época del año anochecía más temprano. Los ruidos de los animales inquitaban a los visitantes. Entre los matorrales sobresalían las edificaciones otrora vez majestuosas, símbolos de un pasado que una vez existió y que nunca regresará. Ya era la hora de cerrar los grandes portones que protegían la imponente entrada. A la derecha, una imagen de Nuestro Señor custodiaba el ingreso ; a la izquierda una derruída capilla lloraba por las noches.
cuando el oscuro velo cubría el horizonte los profanadores iniciaban sus nefastas labores.
Sobornando al sereno la pareja se adentró al espeluznante refugio de las almas.. Forzaron un poco la llave en el candado el cual finalmente cedió. Los jóvenes sentían el correr de la sangre en sus venas como si la misma quisiera escapar de sus cuerpos para animar nuevamente a sus antepasados que ahí dormían su sueño eterno. Prendieron unas velas para facilitarse la tarea. El subsuelo del mausoleo estaba inundado, era una macabra piscina en donde flotaban restos de féretros, producto de la subida de las aguas de las napas freáticas y la falta de previsión de sus ineptos constructores. Sólo podían trabajar en el nivel superior en donde descansaban los bisabuelos y un tío abuelo que había fallecido siendo todavía un bebe.
Las paredes de granito oprimían todavía más a los desdichados, solo el aroma de las plantas refrescaban un poco el aliento ya enfermo de tanto aspirar podredumbre.
Comenzaron a remover las manijas de los ataúdes, a quitar las placas y los crucifijos y a guardar candelabros y floreros.
Lo peor recién empezaba. Bisabuelo y bisabuela se encontraban uno arriba de la otra en una especie de nichos de bronce. Removieron primero a la bisabuela de su lugar. Sacaron la tapa de madera y el metal brilló enla tenue luz. Pacientemente lucharon contra el estaño que poco a poco fue mostrando sus entrañas dejando asomar los despojos de la noble señora. La tristeza y el dolor se apoderó en una extraña mezcla de ambos que reponiéndose al estupor continuaron con su misión.
El sol resplandeciente en todo su fulgor asomaba en el horizonte. Debían apresurarse si querían salir airosos de este tétrico episodio de sus inexpertas vidas. Empacaron rápidamente todo lo que pudieron y emprendieron triunfalmente el regreso a casa. Una vez en el hogar familiar dejaron su melancólico cargamento y se alistaron para salir nuevamente a la morada de los que ya no habitan este mundo. Luciendo sus mejores ropas la pareja se paró enfrente del ruinoso mausoleo. Una tropilla de obreros quitaba el cartel que decía : "Por falta de pago de tasas e impuestos la Municipalidad hace uso y disposición del presente lote". Con lágrimas en los ojos pero con la satisfacción del deber cumplido en el corazón, uno de los miembros de la pareja dijo a la otra: -"Justo a tiempo mi querida hermana. Los bisabuelos descansarán en paz. Nosotros los cuidaremos".
Entre la brisa se perdía el sonido seco del granito desgarrado por la insensibilidad del sucio gobierno...
cuando el oscuro velo cubría el horizonte los profanadores iniciaban sus nefastas labores.
Sobornando al sereno la pareja se adentró al espeluznante refugio de las almas.. Forzaron un poco la llave en el candado el cual finalmente cedió. Los jóvenes sentían el correr de la sangre en sus venas como si la misma quisiera escapar de sus cuerpos para animar nuevamente a sus antepasados que ahí dormían su sueño eterno. Prendieron unas velas para facilitarse la tarea. El subsuelo del mausoleo estaba inundado, era una macabra piscina en donde flotaban restos de féretros, producto de la subida de las aguas de las napas freáticas y la falta de previsión de sus ineptos constructores. Sólo podían trabajar en el nivel superior en donde descansaban los bisabuelos y un tío abuelo que había fallecido siendo todavía un bebe.
Las paredes de granito oprimían todavía más a los desdichados, solo el aroma de las plantas refrescaban un poco el aliento ya enfermo de tanto aspirar podredumbre.
Comenzaron a remover las manijas de los ataúdes, a quitar las placas y los crucifijos y a guardar candelabros y floreros.
Lo peor recién empezaba. Bisabuelo y bisabuela se encontraban uno arriba de la otra en una especie de nichos de bronce. Removieron primero a la bisabuela de su lugar. Sacaron la tapa de madera y el metal brilló enla tenue luz. Pacientemente lucharon contra el estaño que poco a poco fue mostrando sus entrañas dejando asomar los despojos de la noble señora. La tristeza y el dolor se apoderó en una extraña mezcla de ambos que reponiéndose al estupor continuaron con su misión.
El sol resplandeciente en todo su fulgor asomaba en el horizonte. Debían apresurarse si querían salir airosos de este tétrico episodio de sus inexpertas vidas. Empacaron rápidamente todo lo que pudieron y emprendieron triunfalmente el regreso a casa. Una vez en el hogar familiar dejaron su melancólico cargamento y se alistaron para salir nuevamente a la morada de los que ya no habitan este mundo. Luciendo sus mejores ropas la pareja se paró enfrente del ruinoso mausoleo. Una tropilla de obreros quitaba el cartel que decía : "Por falta de pago de tasas e impuestos la Municipalidad hace uso y disposición del presente lote". Con lágrimas en los ojos pero con la satisfacción del deber cumplido en el corazón, uno de los miembros de la pareja dijo a la otra: -"Justo a tiempo mi querida hermana. Los bisabuelos descansarán en paz. Nosotros los cuidaremos".
Entre la brisa se perdía el sonido seco del granito desgarrado por la insensibilidad del sucio gobierno...
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